sta noche, la decoración desafía lo convencional, inmersa en una atmósfera neo-noir y vanguardista.
Sobre todo el cielo líneas luminosas de neon suspendidas en el aire trazando caminos etéreos, reflejándose en una inmensa araña de cristal protagonista de la escena.
Las mesas, vestidas de marfil sobrio, se iluminan con el fulgor cálido de candelabros de cristal y centros de mesa de flores blancas que brotan de la sombra.
El altar, la mesa principal se erige como reflejo de todo, protegido por un majestuoso domo de espejo y rodeado de un exuberante jardín de flores transformandose en el color de la luz desde una claridad inicial hasta destellos de azul eléctrico para una fiesta interminable.
Una boda que se siente como la premier de una película épica: dramática, sofisticada y absolutamente inolvidable.


























