¡Hola novias!
Hablemos de una boda de combinaciones perfectas: pleno diciembre en la ciudad de la eterna primavera: Cuernavaca; dos culturas, Mexico y España, unidas y representadas en la boda de una pareja que hacen match perfectamente: Bea y Yací. Unos novios con muchas ideas, que pensaron en cada detalle para además de tener una boda inolvidable para ellos dos, lo fuera para todos sus invitados.
Su historia comenzó sin esperar nada, jugando a vivir a un lado del otro, aunque el destino ya sabía que estaban hechos para mucho más que eso. Ninguno de ellos buscaba siquiera pensar en ser novios, menos aún en una boda. ¡Y míralos aquí! Convirtiendo en brillo todo lo que venga. Cómo dice su canción de esposos.
A Bea y Yací los encontré o mejor dicho me encontraron ya con mil ideas de lo que esperaban fuera su gran día, sólo fue cuestión de armar todo el rompecabezas para que quedara la imagen perfecta guardada en sus recuerdos.
¿La fecha? Diciembre ¿El lugar? Cuernavaca. Primavera en pleno diciembre en un jardín verde por donde lo vieras. ¿El reto? Una boda de más de trece horas continúas donde cada momento fuese tan especial como el anterior y el siguiente.
Una ceremonia completamente en blanco, bordeando un pequeño lago de nenúfares, el novio esperando por ella al final del pasillo nupcial y todos los presentes deseando volver a casarse o hacerlo por primera vez. ¡Suspiros!
Después del ¡Sí! definitivo pasamos a un cocktail muy delicioso: Islas de aperitivos mexicanos, españoles y japoneses, música en vivo con sorpresa incluida para los novios: los hermanos de Bea les compusieron una canción que hizo llorar y reír a partes iguales.
Y después una recepción que se alargó por horas aunque pasó en un abrir y cerrar de ojos. Una carpa con vista al enorme jardín, colores muy vivos mezclados con el blanco impoluto del mobiliario. Los novios bailando y cantando “y siempre cuidar a tu corazón, antes que al mío” sobre la pista de baile pintada a mano en los mismos tonos que las lisianthus, aquileas, camelias y mini rosas distribuidas por todo el lugar, además de detalles frutales para el toque final. Amarillos, naranjas, rojos desvanecidos y verdes se mezclaban perfecto con el detalle que los recién casados eligieron para que todos recordaran ese día: alebrijes personalizados para cada invitado con los colores tan llamativos que los caracterizan.
La noche estuvo inundada de sabores deliciosos, momentos muy divertidos, mucho baile, muchos abrazos, muchos shots y un “Para siempre”
Gracias Bea y Yací llenar de color un día inolvidable.


























