¡Hola novios! Hoy les escribo desde una cabaña de piedra y madera, rodeada de pinos; con un café de olla en las manos y fuego en la chimenea; y también desde el lugar donde celebramos una boda súper linda y relajada.
Las bodas destino siempre crean un ambiente que envuelve a todos los asistentes, la convivencia entre familias y amigos convierte a los lugares en una burbuja que gira en torno a una sola cosa: la boda. Así sucedió con Mariana y Javier, ellos querían una boda familiar, íntima, relajada, cálida y en lugar acogedor y alejado de todo. ¡Y lo encontramos!
Noritari son unas cabañas rusticas enclavadas en la Sierra Tarahumara, en cuanto ahí llegas te olvidas del resto del mundo. Pero no son solo eso, son un sitio maravilloso desde sus nombres: paz, amor, armonía, serenidad; además tienen unos rinconcitos que te roban el aliento y como debía de ser los aprovechamos al máximo. ¡Wedding planner al ataque!
Los invitados eran agasajados a su llegada con una canastita lindísima cortesía de los novios y para los que llegaron el día previo, organizamos una cena en un salon de piedra y ladrillo, dos mesas largas decoradas con jarros, hojas de pino y lámparas de petróleo. Súper ad hoc para la ocasión.
La ceremonia fue un momento incomparable: un camino señalado entre la espesura del bosque hasta llegar a un claro bordeado por pinos altísimos seguidos de una pared de rocas que convertían el paisaje en una pintura. Justo ahí un arco de madera decorado con telas y flores, donde Javier esperaba la llegada de Mariana vestida completamente de blanco entre todo el verde que convergía a su alrededor, estaban perfectos. Y todo quedo inmortalizado en la fotazas que les hizo María Vega Fotografía. Chéquenlas al final.
Seguía relajarse y disfrutar de la vista con un poco de música, unas cervezas y aprovechar para felicitar a los novios recién convertidos en esposos, tomarse la foto del recuerdo y compartir con todos los demás la felicidad de estar acompañándolos al inicio del nuevo camino que acaban de tomar.
Para la recepción elegimos la ubicación ideal: un solitario granero de madera separado del resto del lugar, desde que lo vimos supimos que era ideal para ellos dos y no nos equivocamos. El techo lo convertimos en miles de lucecitas que caían en cortinas de luz sobre las mesas de madera sobre las que descansaban caminos de rosas color durazno, follajes verdes y detalles de velas.
Para una boda relajada y que encanto a todos, un banquete igual; y de ello se encargó Raké Eventos que prepararon unas deliciosas Hamburguesas Gourmet acompañadas con una selección de quesos de la región. ¡Match Ganador! Y más tardecito unos tradicionales elotes que encantaron a todos.
Y la noche no estaba completa sin una buena dosis de baile, risas y buena música. Una fiesta que desde que comenzó hasta que se apagaron las luces convirtió el día en una fecha memorable.




































